Finalizando ya el curso, todos los niños de la escuela infantil están totalmente adaptados y felices, disfrutando enormemente de todo lo que la escuela les ofrece. Pronto empezarán las vacaciones, momento óptimo para disfrutar de actividades con sus padres y familiares y hacer un parón en la rutina diaria que tenemos durante el curso.
Cuando se inicia el siguiente en septiembre, habrá una nueva adaptación porque cambiarán de aula y posiblemente de educadora, pero vuelven a un sitio conocido y donde se mueven con absoluta seguridad.
Pueden volver a manifestar una cierta incertidumbre, sobre todo porque vienen de estar de vacaciones donde las rutinas, horarios y normas se viven de una manera mucho más relajada, pero enseguida se adaptan porque ya pueden anticipar lo que viene después y ya saben que SIEMPRE vienen a recogerlos.
Para que un niño se adapte bien a la escuela, tiene que establecer un buen vínculo con su profesora y este apego afectivo tiene que estar propiciado por la madre. Ésta es la que posibilita que el niño se pueda abrir a mantener otras relaciones que le van a enriquecer y fortalecer su personalidad.
En los 6 primeros meses de vida se establece una unión muy fuerte entre madre e hijo vital para el desarrollo del bebé; es lo que llamamos relación simbiótica donde no hay diferenciación entre los dos. A partir de los 6 meses, comienza un proceso en el que el niño, poco a poco, se va dando cuenta que es un ser separado de la madre y empieza un proceso llamado de individuación-separación que culmina alrededor de los 3 años con una clara identidad propia.
La madre es la responsable de alentar esta separación para que el bebé vaya adquiriendo su propia identidad. Así, debe dar paso a la relación que inicia con el padre, con familiares más cercanos y, cuando asiste a la escuela infantil, con las educadoras del centro.
La actitud de confianza y seguridad que debe transmitir la madre es primordial para que niño pueda sentir la escuela como un espacio seguro en el que se sienta contenido, querido y valorado.
Ella tiene que tener una actitud de confianza y afecto hacia la educadora que se hará cargo de su bebé y Ésta es captada rápidamente por él.
Hay muchas madres inseguras que creen que no lo hacen del todo bien con su hijo y temen que una profesional que sabe tratarlo, pueda robarle el cariño, es decir, sienten celos de las educadoras. Son madres a las que les cuesta mucho dejar al niño y sienten autentica angustia en el momento de la separación. Con esta actitud desconfiada, el niño vive como lugar inseguro la escuela y le costará mucho la adaptación y sin ésta, no podrá disfrutar y enriquecerse con lo que la escuela le ofrece.
Otras madres empiezan a tener celos cuando en casa el niño se pasa el día contando cosas que le enseña su educadora o recrimina a la madre porque la canción que le canta “ no es como la canta mi profe” o “me gusta más como me peina ella”.
Muchas madres utilizan el nombre de la profe para conseguir que los niños obedezcan pues los amenazan con “se lo voy a decir a tu profe” y los niños cambian de actitud rápidamente porque temen que ésta deje de quererlos.
Otras madres piensan que solo ellas son capaces de cuidar a su bebé como ellas lo hacen y esta actitud recelosa perjudica enormemente el vínculo afectivo que debe establecer con la educadora.
Cuando el niño está adaptado muchas veces no se quiere ir cuando le vienen a buscar y muchas madres o padres lo viven como que ya los ha dejado de querer y no se dan cuenta que ellos viven el presente y si está enfrascado en una actividad que le gusta, no quiere abandonarla. Los padres deben tener la seguridad que su cariño es irremplazable y que las educadoras nunca van a suplantar su posición de ser los más queridos.
El objetivo primordial en la escuela infantil es que se sientan queridos, protegidos y valorados y el amor que sienten por sus educadoras es altamente conveniente para su desarrollo físico, psicológico, intelectual y emocional.
La experiencia adquirida en la escuela infantil en cuanto a relaciones sociales con las educadoras, hace posible tener un bagaje muy positivo para las futuras relaciones que vayan a establecer posteriormente en un centro escolar.
Al finalizar el curso los sentimientos de las educadoras son muy ambivalentes porque, por una parte están orgullosas de los objetivos alcanzados y muy contentas con la evolución de todos los niños de su clase y del afecto sentido con cada uno pero por otra, están tristes porque el curso finaliza y muchos alumnos no volverán a la escuela ya que inician una nueva etapa en el colegio y, los que permanecen en el centro, cambiarán de aula y educadora y tienen que empezar a establecer vínculos afectivos con otros niños.
El amor recibido es muy beneficioso para fundamentar una personalidad firme y segura con una alta autoestima pues se ha sentido respetado, querido y valorado con sus cualidades y limitaciones, alentándole siempre con cariño para ir progresando. La madre que obstaculiza este regalo, limitará mucho la socialización de su hijo a lo largo de los años.
