EL APRENDIZAJE EN LA VIDA DEL NIÑO

El niño, desde que nace, está dispuesto al aprendizaje y pronto empieza a interesarse por lo que ocurre a su alrededor. Enseguida empiezan a dar muestras de autonomía, a querer hacer las cosas por si mismo, a coger la cuchara él solo, a caminar, a intentar ponerse un zapato…

Los niños tienen ganas de aprender y los padres deben mostrarles y fomentar las posibilidades de aprendizaje de una manera confiada y segura. Deben dar respuesta a sus demandas de independencia pues es su responsabilidad como padres.

Por Pelancha Gómez Olazábal – Directora de la Escuela Infantil JAUJA

En el primer año de vida, en cuanto su maduración física le permite agarrar los objetos, los explora, los manipula y descubre sus atributos. Enseguida, cuando empieza a gatear y un poco más tarde a dar sus primeros pasitos, es cuando un abanico de posibilidades se abre ante su mirada, volviéndose un niño curioso, activo, que no para en todo el día. Es lo que llamamos “idilio con el mundo”.

jauja webLos padres no deben frenar esas ansias de aprender, de experimentar, de movimiento, porque es la única forma en que se vaya desarrollando su capacidad intelectual. El desarrollo integral del niño va armonizado en un todo globalizado de tal manera que, un niño que no se puede mover, no puede explorar el espacio y no puede desarrollar su capacidad mental, al no poder experimentar con los objetos con los que va descubriendo sus cualidades, asociándolos, relacionándolos y así poco a poco, formando y emergiendo el pensamiento simbólico. A la vez, cuando un niño manipula los objetos, los conoce a través de los sentidos y el movimiento, sabrá nombrarlos y será cuando surja el lenguaje. Todo aprendizaje está entrelazado y unos dependen de otros.

Los padres temerosos ante los peligros con los que se pueda encontrar el niño en sus desplazamientos por el espacio, le están frenando a que él descubra sus posibilidades físicas, a la vez que crece su autoestima y confianza en sus posibilidades. Es más saludable el que tenga un chichón de vez en cuando pues se ha caído del tobogán, que tenerlo a buen recaudo sentadito en su silla viendo jugar a los demás. No lo podemos abandonar a su suerte cuando está en el parque, pero sí acompañarlo y disfrutar de sus andanzas y atrevimientos, ofreciéndole ayuda cuando él la pida, no adelantándonos nosotros a su petición.

Ante cualquier intento de aprendizaje, de conquista de autonomía, los padres se ponen nerviosos pues va a dejar de comer el alimento necesario para su salud (al intentar comer solo, la mitad del puré se derrama en el babero) o se caerá al querer dar los primeros pasos o subir una escalera por su cuenta. ¿No os dais cuenta que esa actitud proteccionista está frenando el que el niño conquiste su independencia, con una imagen positiva y confiada de si mismo, orgulloso de sus logros y creciendo saludablemente en todos los aspectos?

Todo aprendizaje requiere esfuerzo y muchas veces nos convertimos en padres solícitos que nos adelantamos a resolver cualquier dificultad que tiene el niño y con esa actitud protectora, le estamos haciendo un flaco favor pues estamos creando un niño dependiente e incapaz de encontrar sus propios recursos para salvar dificultades. Más adelante, ante las tareas escolares, el niño no tendrá el hábito de esfuerzo que se requiere para aprendizajes más alejados de lo cotidiano. Actualmente oímos quejarse frecuentemente a padres y profesores de la falta total de esfuerzo por parte de los alumnos, pero es el resultado de haberles ofrecido una vida entre algodones, como contraposición a la vida que nos hicieron llevar nuestros padres. Nos hemos ido a las antípodas de la educación, donde todo vale, no hay límites y lo importante es que el niño sea feliz y no sufra y yo pienso que en el medio está la virtud. El niño necesita unos límites para sentirse seguro, le debemos indicar lo que se puede o no hacer, presentándole unas normas y unos valores que le guíen en su caminar. No podemos presentarle un mundo de Disneylandia, donde todo es felicidad, donde no existe el fracaso, la decepción ni el error… porque, cuando se tenga que enfrentar a las exigencias de la vida, el batacazo va a ser terrible.

Donde hay esfuerzo, hay interés y capacidad de investigación. Los niños que se esfuerzan, son capaces de centrar todo su interés y de descubrir las posibilidades que le ofrece un objeto o un juego y con su exploración, hay desarrollo intelectual. A la vez, su autoestima crece y se fortifica al demostrarse a si mismo de lo que es capaz.

Pero todo en su medida justa porque no podemos pedir a un niño un esfuerzo por encima de sus posibilidades, pues tendremos el resultado opuesto: perdida de interés por aprender.

Hemos dicho innumerables veces que, hasta que el niño no haya adquirido las capacidades necesarias para el aprendizaje de tareas, es muy contraproducente empezar con ellas porque le exponemos a situaciones que le sobrepasan y le boquean en su adquisición. Cada niño tiene su propio ritmo y es él y su proceder el que te va a ir indicando cuando está preparado para situaciones más difíciles o complicadas.

Yo aconsejo a todos los padres que matriculen a sus hijos en una escuela infantil donde se favorezca la autonomía global que posibilite una evolución positiva en todas las áreas. Una escuela donde se potencie y motive la investigación y experimentación para el desarrollo de multitud de capacidades a nivel intelectual, social, físico.

Debemos reflexionar sobre estas cuestiones para ayudar al niño a llegar a ser un adulto curioso, alegre, interesado por el medio y las relaciones sociales y sobre todo, con una alta autoestima que le abra las puertas a la vida.

 

Autor entrada: MTEVA