AGUSTÍN ARROYO ORGAZ – Fundador y propietario de MUDANZAS AGUSTÍN

Una flota de 20 camiones, 10.000m2 de nave y 1.000 contenedores guardamuebles con servicio marítimo y aéreo por todo el mundo colocan a Mudanzas Agustín entre las tres empresas de mudanzas más importantes de España, según la Organización Castellana de Empresas de Mudanzas (OCEM).

Agustín confiesa que quiere seguir dando guerra como el primer día, hasta que el cuerpo aguante. “Ponerte traje y corbata no mantiene la empresa, hay que arremangarse y arrimar el hombro, estar 24 horas pendiente del negocio, también sábados y domingos”, asevera de su experiencia. Con esfuerzo y perseverancia  ha levantado la empresa de mudanzas referente en España. Sus clientes, –“de  todo  tipo”, asegura– le contactan por el boca a boca, privilegio cosechado durante más de tres décadas.

Fotos: cortesía Agustín

Textos: “Con nombre propio” MTeVá nº51 por P. Labrandero

Majariego de nacimiento y corazón, Agustín es conocido por todos. En el año 56 nació enfrente de la iglesia de Santa Catalina y desde bien pequeño empezó a moverse de un lado a otro para buscarse la vida. Echa la vista atrás casi medio siglo para recordar que para ganarse el pan, con ocho añitos, iba con su padre y un borriquillo a la finca del tío Luis a sembrar sandías y melones. “Había que ayudar”, reconoce. La necesidad seguía apretando y con nueve años vendía churros con una cesta. “En la calle Alegría, la mejor parte de Majadahonda, las señoras Pepa, María y Paula me compraban casi toda la cesta”, recuerda con nostalgia.

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Necesitado de pesetas, Agustín lo pagaba caro. “Por vender los churros llegaba tarde al colegio y el maestro don Luis me regañaba y me castigaba a limpiar los baños”, revela ahora entre risas. Algo más mayorcito cuenta que iba con Pedro Labrandero al mercado de Legazpi a ayudarle a comprar la fruta para su almacén. “Iba con Santiago el Polvorilla y buscábamos reales detrás de los azucarillos en la cafetería porque a los camioneros siempre se les caía alguno”, confiesa. Imparable, Agustín también vendía pantalones de la marca Cimarrón –“que compraba en el rastro”, recuerda– para venderlos por los bares. Y es que Agustín se define como un buscavidas.

camión padre webEn el año 80, después de haber hecho casi de todo, Agustín se asentó lavando coches en el lavadero de la Ford Majauto. Pero tal y como reconoce “no ganaba lo suficiente para cubrir gastos”. Y es que Agustín se casó al año siguiente y enseguida tuvo a su primer hijo, motivo por el que le echó valor y decidió arriesgar. Dio de entrada en Automercado Móstoles su seat 127 para conseguir una furgoneta Nissan Trade con la que empezó a hacer portes. “Salía a las siete de la tarde de trabajar y empezaba a hacer pequeños traslados. Se llamaba Portes y Mudanzas, en la carretera de Pozuelo”. Agustín enseguida se dio cuenta de que ganaba más dinero así que lavando coches, y empezó a cocerse lo que hoy en día es Mudanzas Agustín.

 

Se fue de la Ford y acondicionó la furgoneta, para además de hacer mudanzas, llevar por toda España a los jóvenes majariegos a la jura de bandera. Viaje a viaje Agustín se fue llenando el bolsillo hasta que pudo comprar un camión avia de segunda mano, “muy viejo”, matiza. “Entonces empecé a hacer mudanzas a Valencia yo solo”. Y así nace definitivamente Mudanzas Agustín, con algún contratiempo. Aseguró a un cliente tener guardamuebles no siendo verdad. Gracias a la hospitalidad y ayuda de sus vecinos, a los que insiste en agradecer enormemente su aportación a lo que es hoy una de las empresas más consolidadas de España, pudo salir del apuro. Y es que tal y como explica “el primer guardamuebles fue el garaje de casa Clemen. Andrés me dejó guardar los muebles hasta que me alquilé unas naves en Villa del Prado”. Recogidos los primeros frutos, en el año 91 Agustín ya pudo comprarse unas naves en Villanueva de la Cañada que ahora tiene alquiladas. “Gracias a ese dinero me he construido 10.000 m2 de nave en Villanueva del Pardillo, con la fortuna de que más tarde quedó enclavada en el polígono de la localidad”, admite.

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Como cualquier emprendedor que se precie, Agustín insiste en transmitir que para levantar un negocio y que funcione como el suyo hay que esquivar muchas dificultades. “Tener una empresa no es fácil, 43 años después sigo cogiendo el camión yo mismo porque hay que seguir luchando”, admite. Aparte de trabajar in situ las 24 horas al día durante los 365 días del año, la época de vacas flacas ha obligado a Agustín a readaptarse al mercado para satisfacer las nuevas necesidades. Y es que el negocio, aunque muy fructífero, no se escapa de las garras de la crisis. Agustín reconoce que en los mejores tiempos no daban abasto y rechazaban algunas mudanzas y que ahora las cogen todas, inclusive bajando considerablemente los precios. Aceptar muebles como moneda de cambio también forma parte de esa readaptación. “La gente ahora no tiene dinero y de mutuo acuerdo nos quedamos con sus muebles como moneda de pago para luego venderlos”, confiesa. Eso sí, Agustín presume de, a pesar de la crisis, nunca haber despedido a ninguno de sus 40 trabajadores, con 29 años a su lado el más veterano.

nave webIgual de fieles con su empresa se muestran sus clientes, a los que Agustín da sinceramente las gracias, especialmente a los majariegos que desde siempre le han confiado sus mudanzas. “Si no hubiera sido por ellos a lo mejor no estaba donde estoy”, admite emocionado. “Tengo clientes que me llaman porque a sus padres ya les hice la mudanza”, agrega. Todo un orgullo del que poder presumir. Pero si de algo puede presumir Agustín, aparte de sus tres hijos (un varón, David y dos mujeres, María y Patricia) cuya foto decora su despacho, es de sus instalaciones. “Lo mejor que he hecho profesionalmente durante estos años ha sido construir los 10.000 m2 de nave para asegurar el negocio”.

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Negocio asegurado durante, al menos, una generación más por su hijo David, trabajando de comercial y por sus hijas María y Patricia, en las oficinas y que desde hace años arriman el hombro con su padre para seguir haciendo de Mudanzas Agustín una empresa líder en el sector.

Durante la crisis del coronavirus quedó demostrada la generosidad con la que se comportaron los vecinos de Majadahonda y destacamos en especial a Mudanzas Agustín. Entre los contenedores  de «morosos» de su guardamuebles, se encontraron un tesoro, miles de mascarillas y de gafas para los médicos que Agustín donó al Hospital de su pueblo, el Puerta de Hierro de Majadahonda.

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Una vez más, al comienzo de la guerra de Ucrania, Mudanzas Agustín demostró sus solidaridad y se volcó con la ayuda a los refugiados.

El Club de Rugby de Majadahonda puso en marcha una campaña para enviar ayuda a los ciudadanos ucranianos. Se encargaron de recopilar todo el material. Un sinfín de bolsas y cajas repletas de alimentos, medicinas, enseres de aseo y ropa fueron embaladas en las mil cajas, palés y en todo el material de embalaje que fue donado por Mudanzas Agustín, y además, sus empleados colaboraron como unos voluntarios más, poniendo a disposición de la acción sus camiones para dar traslado a los más de 24.000 kilos de ayuda, a los centros logísticos de distribución.

 

Autor entrada: MTEVA