Este año, el fotógrafo majariego Álvaro Herrero ha ganado el título de Fotógrafo Subacuático del Año 2025 con su fascinante instantánea titulada ‘Radiant Bond’. La foto de Herrero, que ha sido la galardonada entre más de 6.750 participantes, muestra «el amor de una madre ballena jorobada y su cría recién nacida. Transmite la belleza y la fragilidad de la vida en nuestro océano. «Majadahonda TeVá entrevista en este número a «Álvaro Herrero».
Fotos: Ávaro Herrero/Sofía Viegas/Carolina Wells
Madrileño de nacimiento pero criado en Majadahonda, Álvaro se mudó a los 8 años a nuestro municipio. Su atracción por la naturaleza y el mar viene desde bien pequeño, «a los 5 años, mi abuelo, que vive en Alicante, me regaló unas aletas, unas gafas y un tubo de snorkel, y desde entonces mi fascinación por el mundo submarino no ha dejado de crecer» confiesa. «Recuerdo también que mi padre solía llevarme a pasear por el campo en La Granja, donde él vivía, y me conducía al río, donde buscaba animales como ranas, tritones y truchas. Mi padre tenía una cámara que yo siempre le pedía para fotografiar estos animales», recuerda con nostalgia.

Cuando cumplió 12 años le regalaron su primera cámara réflex, una Nikon F70, «recuerdo que todos mis amigos y primos tenían consolas de juegos, pero mi padre se negó a comprarme una. La cámara fue el mejor regalo que jamás me pudo hacer», matiza.
Álvaro lleva buceando desde 2006 y prácticamente en ese año empezó con la fotografía submarina, con una cámara que un gran amigo y antiguo jefe suyo, Emilio, le regaló. «Era un canon de 3.2 Megapíxeles y empecé a jugar con ella. Con el buceo, el primer día que me metí bajo el agua me enamoré y me dije a mi mismo que querría dedicarme a eso por el resto de mi vida. Y bueno aquí estamos», reconoce.
A partir de ese momento, Álvaro se hizo instructor de buceo, patrón de embarcaciones y buzo profesional. «Realmente, cuando empecé en serio con la fotografía submarina fue en 2015 cuando conseguí mi primer trabajo como fotógrafo en Tailandia en una compañía de vidas a bordo, donde iba en cada viaje, haciendo 4 inmersiones al día durante tres o cuatro días, dependiendo del barco en el que iba y luego le vendía las fotos a los clientes», confiesa.
Desde entonces, nos comenta Álvaro, que todo ha cambiado mucho y ahora se dedica a enseñar fotografía submarina por todo el mundo. Hace sesiones privadas para clientes y marcas, y organiza sus propias expediciones para ir a ver ballenas, tiburones, lobos marinos y cualquier otro animal marino, todo ello para fotógrafos, por supuesto, pero también para gente que simplemente quiera disfrutar de la naturaleza acompañada de un experto.

«Para ser un buen fotógrafo subacuático, lo primero y más importante es sentirse cómodo en el agua. No hace falta que seas buceador, no hace falta que hayas tomado ningún curso, si te sientes cómodo en el agua, ya tienes una gran base. Mucha gente a la que llevo a nadar con ballenas, nunca han tomado un curso de buceo pero son super acuáticos y son capaces de tomar imágenes increíbles incluso con una gopro», añade.
Álvaro nos aclara que cuanto más nivel se tiene y más experiencia, se puede acceder por supuesto a muchos más lugares. Para hacer fotografías dentro de cuevas inundadas, que es una de las cosas a las que se dedica últimamente Álvaro en México, se necesita tener un nivel de buceo muy avanzado. «Y cuando digo muy avanzado es de verdad. Muchos instructores de buceo vienen a bucear en cuevas, y luego se dan cuenta de que no tienen el nivel para poder hacer este tipo de buceos tan extremos al terminar el curso específico de espeleobuceo», reconoce.

Por otro lado, te tiene que gustar la naturaleza, la vida salvaje y saber leer el comportamiento de los animales y por supuesto hay que conocer bien la cámara. Esta es una de las principales lecciones que Álvaro enseña en sus cursos básicos de fotografía.
En definitiva, nos aclara que para ser un buen fotógrafo submarino hay que cumplir estas tres características: estar cómodo en el agua, que te guste la vida marina y saber su comportamiento y conocer tu equipo. Y lo bueno es que las tres se pueden aprender.

La foto premiada la captó a primera hora de la mañana en la Polinesia Francesa. Cada año organiza expediciones allí y va a fotografiar la migración de las ballenas, que se acercan a esas aguas más cálidas para reproducirse y dar a luz a sus crías. «De hecho, esta fotografía muestra la primera mamá y bebé que vimos la temporada pasada en 2024 y fue un momento increíble. Poder compartir espacio con estos animales, en unas aguas tan claras y cálidas, es algo que nunca dejaré de agradecer a la vida», matiza.
La foto de Herrero ciertamente cautivó al jurado por su magistral iluminación, la claridad del agua y la perfecta composición, además del detalle de las burbujitas que el ballenato deja salir por el espiráculo. Muestra el amor de una madre y transmite la belleza y la fragilidad de la vida en nuestro océano. La ballena jorobada madre acompaña a su cría a la superficie para que tome su primera bocanada de aire temprano por la mañana. La cría va soltando algunas burbujas a medida que asciende, tal vez esto se deba a que todavía está aprendiendo a controlar su respiración o simplemente está experimentando con su propio cuerpo.

Álvaro nos confiesa que por las ballenas y en general por el mundo submarino, lo primero que siente es admiración y respeto y lo segundo, una gran tristeza porque ve como poco a poco se va destruyendo el mundo en el que vivimos. Los mares, las selvas, los ríos… «Siento una gran impotencia la verdad. Nos lo estamos cargando. Es algo que siempre me ha preocupado y creo que es algo incluso que ha definido mi personalidad. No comprendo cómo los seres humanos no entienden cuánto necesitamos a la naturaleza, a un nivel, ya no solamente físico pues nos provee alimento y oxígeno para respirar, sino a un nivel emocional. Todo el mundo quiere irse de vacaciones a lugares naturales, playas paradisíacas o montañas vírgenes. Necesitamos la naturaleza para nuestro bienestar, pero por lo que veo en el mundo es obvio que aun no lo hemos entendido» reconoce.
Este premio le ha traído a Herrero mucho reconocimiento a nivel mundial «la verdad es que está siendo una pasada, no me esperaba tanto. He de decir que estoy realmente sorprendido con la cantidad de mensajes, ofertas, propuestas de trabajo, preguntas sobre mis cursos y mis viajes que estoy teniendo. Estoy muy muy agradecido», agrega.

No obstante, a veces esa realidad que recoge con su cámara es mucho más dura. En 2023, por ejemplo, fue premiado por la imagen de una ballena jorobada muriendo en la costa mejicana por una boya enganchada a su cola. Nos referimos a la foto “Sin Esperanza”, «la verdad es que esa foto ha sido premiada en muchos concursos en los últimos 3 años. Y es algo que me deja un sabor agridulce. Por un lado, cuando tomé esa imagen, fue un momento muy duro y doloroso. Ver a un animal tan majestuoso y empático como son las ballenas, muriendo y sufriendo no fue nada fácil. Además, mientras la liberábamos de la boya, iba a mirarla a los ojos, ya que, al haber pasado tantas horas en el agua con estos animales, entiendes lo empáticos que son, y sientes como te devuelven la mirada. Sentí una mirada de dolor e impotencia que me tuvo varias noches sin dormir. Al final, los esfuerzos fueron en vano ya que la ballena murió semanas después. Estaba muy débil y desgastada» confiesa con nostalgia.

«Pero por otro lado, quería que esa imagen diera la vuelta al mundo, para mostrar a la mayor cantidad posible de personas lo que estamos haciendo con nuestro planeta, con nuestros mares y océanos y con las criaturas con las que un día convivimos en paz y armonía. Ojalá sirva de algo… creo que todavía hay esperanza», matiza.
Álvaro nos comenta que de ahora en adelanta quiere continuar ofreciendo y expandiendo expediciones para ir a ver vida salvaje marina de una manera sostenible y respetuosa, trabajar más en sus cursos de fotografía y video submarinos online y trabajar en proyectos de conservación.
Le preguntamos que opinión tiene sobre nuestro municipio, Majadahonda, «la verdad me parece que es un buen lugar para vivir, está lo suficientemente cerca de Madrid y tiene muy buen acceso, pero a la vez es un pueblo pequeño, con una gran comunidad y con mucha naturaleza alrededor. Eso de poder ir a pasear al monte del Pilar, es un gran privilegio, espero que siga así muchos años… Pero creo que, mientras no haya mar en Majadahonda, no tengo intención de volver. Aún así, si seguimos a este ritmo igual en unos añitos con el cambio climático, se puede bucear en Majadahonda y me tenéis por allí! jajaja», reconoce con humor.
