¿POR QUÉ LOS NIÑOS TIENEN MIEDO?

Por: Pelancha Gómez

Dtra. de la escuela infantil JAUJA


El sentimiento de miedo es una reacción positiva ante la vida para la supervivencia. Si fuéramos impulsivos, de tal manera que ningún freno nos detuviera, nos expondríamos demasiado a una muerte segura. Hay personas muy impulsivas que juegan a vencer ese miedo ante situaciones límites porque les gusta sentir esa subida de adrenalina al máximo y otros, en cambio, se muestran muy precavidos e inhibidos, ya que no todos reaccionamos de la misma manera y por eso nos complementamos.

Lo mismo ocurre en los niños, hay unos más impresionables que otros y la reacción ante situaciones de peligro es diferente  en unos y otros.

Jauja

Hay dos clases de miedos, ante situaciones físicas y miedo emocional que tiene que ver con los sentimientos.

1º.-Hay un miedo FÍSICO producido muchas veces por la reacción que reciben de sus padres ya que estos proyectan sus propios miedos en sus hijos y les hacen ser temerosos ante situaciones físicas como pueden ser  miedo a las alturas, a los sitios cerrados, a los aviones, al agua, a los desfiladeros, a la velocidad, al tráfico, a los insectos, serpientes, tormentas…y un largo etcétera. No debemos inculcar estos miedos aunque nosotros los tengamos. El temor de los padres ante situaciones de peligro, ya sean reales o imaginarias, frenan en el niño sus ansias de exploración  y sus ganas de conseguir retos, venciendo los obstáculos que encuentran en su camino.

La sobreprotección de los padres consigue que el niño viva como algo peligroso el medio donde se mueve y no se atreven a subirse a un tobogán, trepar  por una ladera o levantar una piedra para explorar  lo qué hay debajo. Estos padres, tienen miedo de que les pase algo e impiden que el niño adquiera seguridad  en sus posibilidades, se exponga ante retos y el resultado es que consiguen hijos precavidos y temerosos ante cualquier situación. Son niños dependientes del adulto y necesitan que éste les resuelva cualquier dificultad.

Hay otros niños muy impulsivos que no miden sus fuerzas y con ellos hay que estar siempre alertas y vigilantes para que no se pongan en peligro. Hay que acompañarles,  advirtiendo del peligro pero que sea él el que compruebe hasta dónde puede llegar. Si no le dejas ser consciente de las consecuencias, nunca aprenderá  la conducta correcta.

2º.-¿De dónde procede el miedo EMOCIONAL?

Como ya hemos explicado en numerosas ocasiones, el niño cuando nace establece una relación simbiótica con la madre y alrededor del sexto mes se va dando cuenta que es un ser separado de su madre. Es lo que llamamos proceso de individuación-separación. Poco a poco empieza a darse cuenta que existe como ser separado de los demás, que tiene una vida propia. Este proceso dura más o menos  hasta los 3 años cuando adquiere una identidad propia.

La base de los miedos está en la ansiedad o angustia que le produce el abandono de sus seres queridos, la pérdida o desaparición de alguno de ellos.

Hasta los 7 años, el mundo emocional del niño se compone de sentimientos ambivalentes que él no puede controlar y que, en muchas ocasiones, le producen ansiedad y temor.

Esta angustia la poseen todos los niños pero en algunos está más acentuada que en otros.

En la escuela infantil, cuando el niño asiste antes de los seis meses de vida, su adaptación al centro  no plantea ninguna dificultad porque, mientras sus necesidades fisiológicas y afectivas estén cubiertas, el está satisfecho y feliz.

Alrededor de los 8 -9 meses,  algunas veces, este niño que se quedaba tan contento en la escuela, lloriquea al dejarlo y los padres se extrañan ante este cambio. La explicación es que ya conoce a sus padres y teme que no vengan a buscarlo. Es lo que llamamos  “ansiedad de pérdida “. El niño tiene miedo a ser abandonado por los padres o que le dejen de querer.

Cuando tiene alrededor de un año y se desplaza autónomamente por el espacio gateando o andando, empieza a explorarlo y a experimentar con todo lo que encuentra a su paso. Es cuando los padres empiezan a utilizar el “NO” ante situaciones de peligro. Los padres comienzan a poner límites y  él siente frustración ante la negativa y es cuando surgen las rabietas. En esos momentos, sus sentimientos hacia los padres son muy ambivalentes, pasan del amor incondicional al odio más furibundo y  expresan su disconformidad  tirándose al suelo, pataleando, gritando o, cuando tienen lenguaje, expresando verbalmente “ya no te quiero” o “te voy a matar”.  Siente la “ira” hacia los padres y su mundo interior se llena de sentimientos negativos que luego aparecen en los sueños convertidos en monstruos, brujas y animales salvajes. También sienten celos, envidias, deseos de pegar, morder y estos sentimientos vuelven en el sueño para vengarse por haberlos tenido. Muchas veces, cuando se despiertan llorando, necesitan ver a los dos padres porque temen haber hecho daño al que no ha acudido primero a atenderle.

Ellos piensan que con  su pensamiento  omnipotente pueden hacer daño con solo pensarlo  al que impone el limite cuando le negamos algo que él quiere.

A los padres les cuesta mucho admitir que los niños, en su primera infancia, tengan estos sentimientos tan fuertes e incontrolados y niegan su existencia, y, algunas veces culpan a los educadoras de “meter” miedo a los niños con los cuentos.

Hacia los 18 meses, con el advenimiento del pensamiento simbólico en la mente del niño (capacidad de representarse mentalmente los objetos y situaciones) no hay una clara diferenciación entre la fantasía y la realidad y lo que sueñan es tan real como lo vivido cotidianamente. Durante la noche, la cortina que se mueve se convierte en un terrible ogro. La acumulación de experiencias que va viviendo a lo largo de los años, le ayudan a diferenciar claramente entre la imaginación y la realidad.

Debido a esto, surgen las PESADILLAS Y LOS TERRORES NOCTURNOS

Los padres deben de saber que es algo evolutivo y no hay que darle mayor importancia pues , normalmente, son situaciones pasajeras.

Las PESADILLAS se producen durante la segunda mitad de la noche ( hacia el amanecer).

Generan ansiedad y angustia; el niño se despierta gritando y diciendo que tiene miedo. El niño es capaz de explicar lo que ha soñado (un monstruo, una mano, un tigre) y los padres deben decirle que ha sido un mal sueño pero que esto no está en la realidad, solo está en su imaginación.

Se le da su peluche o chupete y se le dice: «a dormir» sin muchas explicaciones ni quedándose a su lado.

LOS TERRORES NOCTURNOS son más típicos en menores de 5 años y poco frecuentes después de esta edad.

Se producen en la primera mitad de la noche, durante una fase de sueño muy profundo.

Estos episodios duran de 2 a 10 minutos. En ellos el niño se despierta bruscamente, chillando angustiosamente. El niño está pálido, con sudor frío y no tienen contacto con la realidad. Es incapaz de comprender lo que ha sucedido a su alrededor y ni siquiera reconoce a sus padres, está absolutamente dormido y no está consciente.

No hay que despertarlo, solo estar a su lado para evitar que se haga daño, sin hablarle ni tocarle, se tumbará y seguirá durmiendo. No hay que mencionarlo al día siguiente ni darle excesiva importancia

Si al entrar en su habitación  debido a los gritos, deja de chillar y muestra que está despierto, es un truco para reclamar vuestra atención.

Los padres deben proporcionarle un medio afectivo y contenedor, con límites claros para que vaya encontrando por si mismo el camino de su independencia. Le deben dar seguridad y afecto pero es él el que, con sus propios recursos, debe ir superando los miedos y angustias.

Nunca hay que reírse de sus miedos aunque sean incomprensibles para nosotros, pues para el niño tienen una justificación propia que hay que respetar. Con nuestra actitud segura y nuestra disponibilidad para estar a su lado, verá que el miedo es injustificado y dejará de sentirlo.

Cuando los miedos son desproporcionados, es decir, alteran el estilo de vida cotidiana del niño o repercuten en su desarrollo personal, en el rendimiento escolar o en las relaciones sociales, entonces se denominan FOBIAS y deben ser atendidas por un especialista para poder superarlas.

Crecer es difícil y tienen que aprender a vivir con sus sentimientos,  controlándolos y encauzándolos y los padres deben ser un soporte seguro en el que apoyarse.

Autor entrada: MTEVA