Pescaderías Ángel García -Negocio local del municipio de Majadahonda-

Por Elena Marticorena

 Ejemplo de superación, trabajo duro, emprendimiento y muchas ganas de prosperar. Ángel García nos abre las puertas de su negocio, para contarnos los inicios de la pescadería, sus primeros locales y el fruto de todos estos años de compromiso con los clientes del municipio. “La actitud es la clave para ser el mejor en tu trabajo” transmite el empresario a sus empleados, algunos de los cuales llevan media vida trabajando con él. Majadahonda TeVá se acerca a su pescadería, en la avenida de España, para entrevistarse con él.

Natural de Astorga, Ángel García comienza desde bien pequeño el oficio de pescadero. ¿Cómo fueron los primeros años y tu llegada a Madrid? 

En el pueblo que había nacido, en Astorga, no había porvenir, así que con catorce años decidí venirme a Madrid con unas personas que conocía y que tenían negocios en la capital. La primera pescadería en la que trabajé estaba en la calle Luchana. Yo no conocía el oficio y el único pescado que había visto habían sido las truchas de rio. Pero el destino quiso que mi formación comenzase en el sector del pescado y así ha sido hasta ahora, a la edad de sesenta y cinco años. Al principio me encargaban hacer de todo; llevar paquetes, transportar cajas, fregar y más tarde preparar el género para los clientes. Un año después me fui a otra pescadería, a la zona de Carabanchel, donde estuve cuatro años trabajando. Posteriormente, y con estos mismos dueños, me fui a San Ignacio de Loyola. Fue estando en esta pescadería cuando me enteré por uno de los repartidores que allí llegaban, que iban a abrir una galería de alimentación en Majadahonda. Y entonces, decidí abrir mi propio negocio en el municipio.

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Pescaderías Ángel García comienza en la galería Sanabria de Majadahonda.

Llegué con veintiséis años a Majadahonda, estando ya casado desde los veintidós y con una niña de tres años. Tenía muchas ambiciones, ganas de trabajar, ilusión y necesidad de prosperar. En noviembre de 1979 se inauguró la galería y yo fui uno de los que abrió su local ese mismo día (Local 1de la planta baja). Los primeros meses fueron muy duros y muchos negocios cambiaron de dueño en poco tiempo. Para pagar el local tuve que pedir un préstamo, cambiar mi turismo por una furgoneta, y hacer frente al negocio yo solo -comprando el género, despachando y recogiendo- aunque mi mujer me ayudaba cuanto podía. El mercado estaba entonces en la Puerta de Toledo y a día de hoy sigo yendo a comprar el pescado que vendo, ahora repartido en varias pescaderías, y acompañado de al menos tres personas -entre ellas mi hijo pequeño- a Mercamadrid.

 

¿Cómo fue la evolución del negocio en esos años?

A los ocho meses de inaugurar la galería, adquirí dos locales más, los números 22 y 23 para poder vender más género. Los negocios tardaron en funcionar porque la gente vivía muy dispersa, pero yo conseguí hacerme un hueco entre la clientela y contratar a mi primer empleado a principios de los años ochenta. En aquella época traía casi siempre pescado y algo de marisco los fines de semana, pero no se vendía tanto como ahora. La evolución de la demanda la hemos tenido siempre muy presente, hemos dado al cliente lo que pedía y de sus frutos han podido vivir hasta ocho empleados a la vez. Por otra parte siempre hemos sido plenamente conscientes de que el lugar geográfico y la facilidad para acceder a él son piezas claves para atraer a los clientes.

 

De la galería Sanabria  das el salto a Labrandero e Hijos.

En septiembre de 2013 se abrió el local situado en el polígono El Carralero y me ofrecieron abrir una pescadería allí. Me iba bien así que decidí expandirme y cuando abrieron otro local a finales del 2014, situado en la avenida de España, frente al actual ambulatorio, opté por abrir otro puesto allí. El problema era que la galería Sanabria estaba relativamente cerca del nuevo puesto, pero los clientes ya no llegaban como antes y opté por cerrar los tres locales que allí tenía. Las galerías y los mercados tienen tendencia a desaparecer porque cuando fueron diseñados no se tenía en cuenta necesidades como el acceso al recinto o facilidades para aparcar. Cuando en los años ochenta los clientes venían a comprar la mayoría lo hacía a pie y solo algunos con un coche. Hoy en día todo el mundo tiene un vehículo y aquello se ha quedado muy cerrado a la accesibilidad. Por el contrario, en los centros Labrandero hay parking y los clientes tienen más facilidades para comprar.

 

 

¿Qué les pides a tus empleados?, ¿Cuántos tienes en la actualidad?

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En el local del Carralero tengo a seis empleados y en el de la avenida de España a cinco. En mi gente valoro mucho la constancia, la dedicación, el cariño y sobre todo la actitud. Todo el mundo necesita una formación al principio y yo siempre digo “si no sabes, yo te enseño, si no puedes yo te ayudo, pero si no quieres…”. Creo que la actitud, en todos los aspectos de la vida, es lo más importante. Yo mismo cuando llegué a Madrid no sabía nada sobre pescado pero pensé que cuanto mejor fuese como profesional, mejor sería para mí. Aurelio, Carlos, Fernando, Antonio, Juan, José, Manuel, Ana, Eduardo, Felipe, Jesús, Alberto, David y Jesús son algunas de las personas que forman parte del equipo de Pescaderías Ángel. Por mi parte me comprometo a darles la oportunidad de trabajar y un salario (dato que no publicamos) muy por encima del salario medio.

 

¿Tienes algún local fuera del municipio de Majadahonda?

Fuera de Majadahonda tengo otro local en la calle Real de Las Rozas de Madrid, que adquirí hace muchos años pero que he tenido cerrado por diferentes causas. El cliente es distinto y no había funcionado igual. Actualmente lo tengo abierto desde hace un año con empleados a los que yo enseñé siendo muy pequeños.

 

¿Cuándo dejas de estar del lado del mostrador que despacha el género y te encargas de la gerencia?

Yo he despachado prácticamente toda mi vida. En la galería Sanabria siempre lo hice y al principio en los locales de Labrandero también. Ahora mismo tengo suficientes empleados y me encargo más de la compra del género en Mercamadrid, su distribución y el control de la gerencia en los tres locales.

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¿Cómo es el cliente de Majadahonda?

Es muy exigente, le gusta comer, el buen género y la correcta preparación del pescado y el marisco. Tiene un poder adquisitivo alto y demanda productos de alta calidad. Además el trato con el cliente, elemento esencial para nosotros, es un valor añadido en nuestro negocio. Para cualquier empresario, tener un cliente es un privilegio porque es el que da vida al negocio. Creo que mi obligación es cuidarlos y respetarlos, ofreciendo los productos de la mejor calidad y con el más óptimo mantenimiento y tratamiento posible.

 

¿Cómo os ha afectado la aparición de las grandes superficies y los supermercados?

No cabe duda de que la influencia ha sido negativa, porque a pesar de que las grandes superficies tratan al cliente como un mero número, es cierto que les dan más facilidades. Sin embargo, cuando la compra del género es a mayor escala no puede cuidarse de la misma forma si una u otra caja están en el mismo estado que las otras trescientas compradas por la empresa X o Y (no citamos nombres) y que son distribuidas entre las diferentes poblaciones en las que trabaja. Escuchar al cliente, traer los géneros que demanda y el cuidado de ambos son los pilares fundamentales para hacer frente a esta competencia.

 

Visión de futuro, ¿Dejas un legado a la familia?

Tengo 65 años y hay que ayudar a las nuevas generaciones a abrirse paso. Mi hijo pequeño está muy involucrado en la empresa familiar desde hace años y es a quien quiero dejarle el negocio. Además estamos pendientes de ver si podemos abrir un nuevo local en el municipio. Tenemos que estudiarlo detenidamente porque las cuestiones de la localización y del aparcamiento son fundamentales para mí. Hay que trabajar duro para sacar un negocio adelante pero creo que con esfuerzo y muchas ganas de prosperar y de ser el mejor se puede conseguir. Yo soy el ejemplo de que no teniendo nada y sin conocer el oficio he llegado hasta aquí. Sin ayuda en un primer momento, criando a mis tres hijos con la sola ayuda de mi mujer, sin dormir muchas noches y saliendo adelante. ¡Actitud, esa es la clave, siempre se puede más!

 

 

Autor entrada: MTEVA