Pablo Luque Pinilla -Poeta-

Pablo Luque Pinilla   -Poeta-

Por Elena Marticorena

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Pablo Luque Pinilla, vecino de Majadahonda, es ingeniero agrónomo de formación, consultor de servicios de tecnología de profesión y poeta de vocación. Autor de los poemarios Cero (con ilustraciones de  Luis Ruiz del Árbol “Fromthetree”, Renacimiento, 2014), SFO (con fotografías de José Luis R. Torrego, Renacimiento, 2013) y Los ojos de tu nombre (Huerga & Fierro, 2004), así como de la antología Avanti. Poetas españoles de entresiglos XX-XXI (Olifante, 2009). Ha publicado poemas, artículos y estudios en diversos medios españoles y ediciones bilingües italianas. Asimismo, fue el creador y director de la revista digital de poesía Ibi Oculus (Ed. Encuentro 2008- 2018) y fundó y dirigió junto a Juan Meseguer Ignacio Rodríguez la tertulia Esmirna (2008-2012). Ha ganado recientemente el “Premio Literario Kutxa Ciudad de Irún” en la modalidad de poesía en castellano con su obra Greenwich. En la actualidad escribe la columna literaria “Cuaderno de espiral” en la revista digital El Cuaderno (Ed.Trea)

Madrileño de nacimiento y vecino del municipio de Majadahonda

Nací en Madrid en 1971 y me trasladé a Majadahonda a los nueve años, a una casa que mis padres habían adquirido desde hacía tres y a la que íbamos a pasar los veranos.  He vivido en el municipio prácticamente toda la vida, excepto cuando con siete años la Universidad destina a mi padre a Córdoba y el último curso de Bachillerato que lo realizo en Pensilvania (EEUU) para reforzar mis estudios de inglés.

Vivo en Parla cuatro años, en un piso que había adquirido mi mujer y donde nace nuestra primera hija. Después, cuando nace el segundo, adquirimos juntos una casa en Majadahonda en la que actualmente residimos. Nos encanta hacer vida en el municipio y pasear por el pinar, que tanto me recuerda a mi infancia.

Eres un poeta de vocación tardía, ¿cuándo surge?

En mi casa no había un ambiente literario, mis padres eran científicos (bioquímicos) y trabajaban en la Universidad de Alcalá de Henares, mi padre como Catedrático y mi madre como profesora titular. Mis hermanos tampoco tenían vinculación con la literatura, estudiaban medicina y ADE.

Me considero un poeta de vocación tardía porque no fue hasta los veintiséis años cuando comencé a presentarme a algunos certámenes literarios. Estudié Ingeniería Agrónoma con especialidad en Zootecnia porque me gustaban mucho los animales y había tenido mucha vinculación con el campo durante mi infancia. La vocación literaria irrumpe durante mi formación universitaria cuando empiezan a caer en mis manos libros de poetas y experimento con mis primeros versos. Había escrito algunos textos cuando era adolescente pero no era un gran lector de poesía en aquellos momentos. En el año 1998 comienzo a escribir el borrador de lo que será mi primer libro de poemas. Presento partes de ese proyecto en algunos certámenes y recibo varios premios. En el año 2001 finalizo Los ojos de tu nombre y en 2004 es publicado por la Editorial Huerga & Fierro.

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¿Cómo te formaste para ser el poeta que eres ahora?

Siempre fui muy autodidacta porque me considero una persona muy inquieta y me encanta investigar. Desde el principio me formé de manera simultánea realizando cursos, leyendo, practicando métrica e incluso estudiando el Grado de Lengua y Literatura en la UNED, del que apenas me quedan cincuenta créditos para graduarme.

Hay dos hitos que marcan mi desarrollo literario de forma muy determinante. El primero son los talleres que realizo, uno en el Centro Juvenil Príncipe de Asturias de Majadahonda con Agustín Porras, que me da la oportunidad de conocer a muchos poetas y a interactuar con ellos, y otro en El Escorial con Enrique Gracia Trinidad, que me aporta conocimientos de técnica y de lectura de poemas.

El otro hito es el trabajo que realizo con la antología Avanti, que marca un antes y un después en mi creación literaria. Lo abordo después de finalizar Los ojos de tu nombre, un poemario que surge de forma intuitiva, sobre todo en cuestiones técnicas, pero con el que siento que debo seguir progresando para  desarrollar la capacidad de expresarme y de adquirir las herramientas para el desarrollo poético. Con la antología Avanti entro en contacto con mis padres literarios, generacionalmente hablando, y desbrozo a muchos autores de la década de los setenta (vanguardistas) y de los ochenta (tradicionales) que muestran una manera de escribir consistente y abigarrada.

Influyen mucho en mi formación los libros de métrica tradicional de Antonio Quilis, José Domínguez Caparrós─ profesor de la UNED─ y José  Navarro Tomás, así como de métrica libre de Isabel Paraíso y María Victoria Utrera Torremocha. De esta manera pongo en contraste lo aprendido de forma autodidacta con la formación que recibo por todas estas vías.

¿Nunca se deja de aprender?

La formación es continua y te permite ir descubriendo nuevas voces, nuevos poetas. Recuerdo cuando en el año 1999 gané el Premio de Jóvenes Creadores, con un borrador de la tercera parte de Los ojos de tu nombre,  me pidieron que dijera unas palabras, que aquí rescato:

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“En la actualidad participo en un taller de poesía en el Centro Juvenil Príncipe de Asturias (Majadahonda) y trabajo en un ¿libro? de poemas que avanza muy despacio, poco a poco. Creo que nadie es poeta hasta que no ha publicado algunos libros y tiene una cierta edad, ¿cincuenta?, digamos, ¿por qué no? De hecho, nunca me he sentido menos poeta que ahora, y, sin embargo, nunca como ahora he sentido que solo así, quizá, algún día, podría llegar a serlo”.

Hoy, veinte años después y habiendo recibido recientemente el Premio Literario Kutxa Ciudad de Irún con Greenwich, me siento poeta. Y aunque este proceso no finaliza nunca, y siempre pueden aparecer nuevas voces, al menos he sido capaz de encontrar un poeta en mi mismo.

¿Cómo te defines como persona? ¿Y como poeta?

Soy una persona  bastante sensible, muy emocional, afectiva y muy proclive al asombro y al entusiasmo. Pero a la vez, seguramente por mis raíces familiares, uso la razón para canalizar toda esa energía emocional, y soy muy práctico, resolutivo y con una férrea voluntad. Creo que la razón va un poco por detrás del corazón y me siento identificado con la importancia de trascender la vida como explicaba Santo Tomás de Aquino. El hecho religioso, las preguntas últimas y el influjo de un Misterio al que accedemos por la fe, que gobierne la vida. Esto es determinante tanto en mi persona como en mi trayectoria y se materializa a través de cosas concretas, como la familia y la amistad, que son valores muy importantes en mi vida.

Toda esta influencia se traslada a mi poesía. Soy contemplador y no muy dado a la introspección en abstracto porque siempre me he nutrido de la realidad, que creo que es la mejor manera de afirmar nuestra necesidad existencial.

 ¿Cómo defines tu escritura?

Creo que no puedes definirte como escritor si no lo haces antes como lector. En ese sentido me ha interesado siempre leer de todo, aunque especialmente a los autores más auténticos y consecuentes consigo mismo. Sin embargo, como autor, creo que hay que ser radical y mostrar las facetas que más dominas. No se trata de imitar sino de ser tu mismo, mostrar tu voz. En mi caso me siento muy cómodo con las imágenes y las metáforas, y aunque no las uso de forma exclusiva, sí que es un recurso muy utilizado en mis poemarios y creaciones.

¿Qué autores te han influido?

Al principio, antes de publicar Los ojos de tu nombre, me influyeron poetas de distintas generaciones: Rubén Darío─ de la generación del 98─con el manejo del ritmo y su poesía existencial, Lorca y Aleixandre ─ de la generación del 27─y los poetas Jose Ángel Valente y Claudio Rodríguez de la generación del 50. Después vino el trabajo de Avanti donde me centré en poetas de la década de los 70 y los 80, que eran los que tenían la hegemonía en esos momentos, de los que había que aprender y de alguna manera superar o diferenciarse.

Después llegaron SFO y Cero con la influencia de la poesía amorosa de Rilke, la seriedad mezclada con las demandas del corazón de Leopardi, la unión de vida y poesía de San Juan de la Cruz, el modernismo anglosajón de la mano de TS Eliot que une lo disperso y lo fragmentado. Esto último me parece muy importante porque es una forma contemporánea de vivir. Finalmente la influencia de algunos de sus cultivadores como MacGreevy, Prufer y Denise Levertov

Descubriste a Francisco Umbral en la década de los noventa, cuando escribía su columna en El Mundo, ¿cómo influyó su escritura en tu producción literaria?

Me influyó mucho su autenticidad, y aunque a menudo no compartía sus opiniones, creo que ha sido el mejor poeta en prosa de todo el siglo XX. No era un gran novelista ni destacaba por su poesía, pero era el mejor lírico en prosa, destacando por su radicalidad y la literatura en estado puro. Era un personaje muy controvertido y la mayoría le conoce por eso y no tanto por su obra. A mí me ayudó a ser auténtico y fiel a mi escritura.

 En 2004 publicas Los ojos de tu nombre. ¿Cómo surge la obra?

Entrevista Libro4Los ojos de tu nombre es una obra que escribo entre los años 1998 y 2001. Comienza como un borrador de ejercicios hasta que un día decido plasmar mis experiencias contemplativas de forma poética. Surge un libro cotidiano, compuesto de tres partes, en el que se puede apreciar el entorno urbano y de carretera en el que centro mis poemas. Como poeta consigues poner nombre a cosas innominadas, cosas que el corazón conoce pero que hasta que no le pones un nombre, parece que no lo están.

 

 

 

 

 

 

En 2009 publicas la antología Avanti. Poetas españoles de entre siglos XX-XXI, un trabajo sobre poesía española de autores nacidos entre 1939 y 1968. ¿Por qué estas décadas?

Entrevista libro1Como hemos comentado anteriormente, estos autores eran mis padres literarios a nivel generacional, los que ostentaban la hegemonía y a los que había que superar. Yo quería hacer la antología sobre poemas y no sobre sus autores, porque tenía muy claro el perfil de poesía que más me interesaba, pero no la había descubierto de forma homogénea en todos los poetas. Quería hablar de una poesía que interpelara, que provocara al lector en diferentes ámbitos: existencial, espiritual, social y que te pusiera en relación con las preguntas últimas.

Transcurren nueve y diez años hasta la publicación de tus siguientes poemarios, SFO en 2013 y Cero en 2014. ¿Por qué tanto tiempo de espera?

 Cero es un libro que escribo a lo largo de siete años y medio y que lo considero  el punto de partida de mi escritura. Es un libro de formación en el que voy plasmando todo lo que voy aprendiendo con el paso de los años. Por eso, hasta que no adquiero las destrezas que considero necesarias no lo finalizo.  Y en medio de esa creación surge SFO, que me permite crear poesía a partir de imágenes tomadas en la ciudad de San Francisco por un amigo fotógrafo, José Luis R. Torrego. Ir de lo particular a lo universal y trasladar al lector hasta la metrópoli.

Entrevista libro3Ambas obras me permitieron seguir aprendiendo y el contacto con los lectores fue muy bonito. Además se publicaron bajo el sello Renacimiento que las amparaba muy bien a nivel editorial. De hecho, cuando acabé de escribir Cero y antes de que saliera publicado, una página web me pidió que escribiera un curso de poesía con todo lo que yo consideraba que había aprendido en este tiempo sobre estética, poética, métrica, estilística y la revisión de diferentes tradiciones poéticas. Sentí que de alguna forma me había “graduado” en poesía y me vi capaz de afrontar el curso y de publicar mi obra.

 Creaste y dirigiste la revista digital de poesía Ibi Oculus entre  2008  y 2018. ¿Cómo surge el proyecto?

El proyecto me lo propone Manuel Oriol, de Ediciones Encuentro, y para mí la posibilidad de seguir aprendiendo y de confrontar con otros poetas me parece fantástico. Ibi Oculus nace de la cita ‹‹ubi amor, ibi oculus›› (Donde hay amor hay visión) que se atribuye al filósofo medieval  Ricardo de San Víctor. El objetivo era ensanchar la visión de la literatura y ofrecerla a los demás. Se publicaron solamente diez números, aunque muy extensos y trabajados, pero lo más importante era la relación con los lectores, los colaboradores y el círculo más próximo de redactores.

Entre los años 2008 y 2012 diriges junto a Juan Meseguer Ignacio Rodríguez la tertulia Esmirna. ¿Qué te aporta a tu trayectoria profesional?

Esta experiencia me ofrece algo parecido a Ibi Oculus, crecer como autor en un entramado de relaciones humanas verdaderas. Conjugar la vida y la poesía a través de encuentros con autores. La tertulia Esmirna tenía lugar una vez al mes en el actual Pub Joyce de Madrid, que acogió la famosa tertulia de la “Ballena Alegre” en los bajos del antiguo Café Lion. Tanto el café (dos locales en los números 57 y 59 de la calle Alcalá) como su sótano, acogieron multitud de tertulias, fundamentalmente literarias. Hoy en día es utilizado como almacén debido a que la normativa de incendios del Ayuntamiento de Madrid impide en él las reuniones.

Cada mes teníamos un poeta invitado y a partir de su obra, los lectores intervenían de manera muy libre, dando pie a que apareciesen otros temas. Estuvimos a punto de publicar una antología de las tertulias porque prácticamente teníamos el material preparado al recoger en el blog, (esmirna-poesia.blogspot.com) lo que acontecía en ellas.

¿Cómo valoras la evolución de tu poesía? ¿Y de la situación de la poesía en España?

Mi poesía ha sido un camino de aprendizaje constante, de cosechar una voz propia y llegar a ser ese primer poeta que ya afloró en Los ojos de tu nombre. Con la publicación de Cero fijo un punto de partida para abordar muchas cuestiones que quedan abiertas en el libro. De hecho, en Greenwich, acometo una de ellas.

En cuanto a la situación de la poesía yo creo que desde hace cinco años se ha producido una revitalización del género. Este fenómeno es internacional y  ha dado lugar a lo que se conoce como “poesía urbana” frente a la “poesía contemporánea”. Davide Rondoni, un amigo y poeta italiano influyente decía que “la poesía surge cuando hay algo que enardece al poeta y alguien con capacidad de expresarlo lo pone en palabras”. De alguna manera hay una necesidad de poesía en todos nosotros pero debido al devenir histórico de cómo se ha desarrollado el género, este se ha ido sepultando o adormeciendo. Se ha reavivado el gusto por la poesía, que siempre ha existido, y que ha requerido de cierto tiempo para crearla y para difundirla. Actualmente no hay un filtro de voces ni de tiempo, la calidad de composición es más baja y va destinada a personas con menos formación o que han confrontado con menos autores.

Pero esto no es algo nuevo, siempre ha existido una poesía más popular, que ahora denominan “urbana”, y una poesía más culta que acuñan con el término “contemporánea”. La poesía es más ecléctica, más diversa, y no hay una tendencia dominante. Pero esto es solo una opinión basada en una lectura panorámica de la poesía del momento, aún necesito profundizar más para hacer un análisis más concreto.

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Enhorabuena por tu reciente “Premio Literario Kutxa Ciudad de Irún” por tu obra Greenwich. ¿Qué nos puedes contar sobre ella?

 Su argumento se orquesta alrededor de la idea del meridiano de Greenwich,  que es el meridiano cero o primer meridiano. Supone, en este sentido, el origen del huso horario, propiciando que empleemos este enclave de referencia para establecer la hora en cualquier otro lugar del mundo. A través de sus treinta y tres poemas, precedidos de un epílogo en prosa poética y acompañado de unas notas finales, el personaje lírico da cuenta de su singladura en un día cualquiera, de la que hace partícipe al lector con la intención de entrar en conversación y caminar con él.

Encontramos en él poemas de anclaje meditativo, textos de fuerte calado emocional y composiciones más escoradas hacia la contemplación y celebración de la realidad. En definitiva, se crea una colección de poemas en los que se da testimonio del acontecer diario a través de una mirada cotidiana.

¿Estás inmerso en algún nuevo proyecto?

Ahora mismo escribo la columna literaria “Cuaderno de espiral” en la revista digital El Cuaderno de Ediciones Trea. La idea está recogida en el título, porque la espiral es la imagen de un círculo que no se cierra nunca y donde siempre hay un peldaño para ascender y para evolucionar a nivel poético y espiritual. La temática de la columna es libre y quizá algún día podría formar una obra con todas estas publicaciones, encargando un prólogo, corrigiendo erratas y añadiendo textos que no hayan sido publicados.

También tengo la idea de formar un libro de ensayos con todos los textos en prosa que he ido creando. En cuanto a ideas de libros de poesía tengo varios, me interesa el tema de la resistencia personal y la poesía mística, pero no tengo fechas concretas para acometerlos.

 

Autor entrada: MTEVA