LA PALANCA- CAMBIO SOCIAL

– El lugar donde los proyectos artísticos, culturales y de transformación social cobran vida en Majadahonda –

Por Elena Marticorena

La Palanca es un espacio de creación donde sus habitantes han tejido una red de sinergias entorno a la creatividad, el arte, la cultura, el bienestar y el cambio social. El local, situado en la calle Real Alta nº12, era propiedad de una familia majariega  y la antigua casa del pueblo. Un lugar destinado al diálogo, el debate y el encuentro entre vecinos del municipio, que estaba en desuso desde hacía muchos años. Su antigüedad y el alto valor histórico impedían su demolición y la modificación de la fachada. “Nosotros no queríamos modificar el espacio, tan solo acondicionarlo y ponerlo en sintonía con los valores que transmitimos a través de La Palanca. El local, que en realidad es la unión de dos casas antiguas, ha pasado de una familia a otra, porque éste es un negocio familiar, y todos somos de aquí, de Majadahonda. Creo que no hay mejor destino para una antigua casa del pueblo, que  un lugar de encuentro social  y cultural” explica Laura Usar, profesora de yoga en La Palanca y una de las fundadoras del proyecto. Y junto a ella se encuentra su pareja, Pablo Ruiz, músico y guitarrista, su hermano Jorge Usar,  experto en serigrafía e ilustración, su pareja  Abe, responsable del taller de costura, y los “mecenas” del proyecto, los padres de Laura y Jorge, Jesús Usar y Leo Lasheras. La Palanca es la suma de ideas y personas que en propias palabras de Laura y Pablo “se ayudan para crecer y hacer crecer a otros”. Y es que como ya decía Arquímedes en el siglo III a.C “Dadme un punto de apoyo (una palanca) y moveré el mundo”. Y bajo ese lema, y apostando por una filosofía basada en la felicidad, surge La Palanca de la que este mes se hace eco Majadahonda Te Va.

PALANCA2¿Cuándo surge el proyecto de La Palanca?

La Palanca surge como idea en el año 2013, pero no se materializa como proyecto hasta la adquisición de su sede en el 2018. Se trata de un negocio familiar del que forman parte Laura y Jorge Usar, Pablo Ruiz y Abe. La adquisición del local, situado en la calle Real Alta nº12 y antigua casa del pueblo de Majadahonda, se produce gracias al apoyo de Jesús Usar y Leo Lasheras, a quienes los fundadores llaman cariñosamente “los mecenas de La Palanca”. Su apuesta por el arte, la cultura, la creatividad y el bienestar social hicieron posible la sinergia de ideas y proyectos anteriores.

¿Qué proyectos se unieron para crear La Palanca?

Pablo es músico y tenía su propia escuela “Esmusica” con sede principal en un local de alquiler en el barrio de San Blas de Madrid. Además impartía clases en el Európolis de Las Rozas. Jorge es ilustrador y tenía un taller de serigrafía y de ilustración en Majadahonda, cerca de la sede actual de La Palanca. Por su parte Laura, junto a su padre Jesús, había montado un espacio de coworking, también en el municipio, con el objetivo de fomentar una economía diferente de impacto social. Laura disponía, demás,  de un local en la zona de Argüelles donde alquilaba las salas para actividades culturales creativas. Ninguno poseía un local propio, y todos tenían que desplazarse hasta su lugar de trabajo empleando tiempo y dinero. Se dieron cuenta que uno de los hilos que conectaba los proyectos de todos, era el apoyo a una forma de emprendimiento diferente. Unir esfuerzos para rebajar la compleja tarea de sostener un proyecto propio, especialmente en lo que respecta al mantenimiento de un espacio físico. Multiplicar resultados gracias a la sinergia de ideas y personas que quieren ayudarse entre ellas y ayudar a los demás en sus propios proyectos.  Y esa filosofía no habría sido posible sin la propia experiencia que cada uno, de forma individual, había acumulado durante años.

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¿Qué objetivo perseguís?

Por encima de todo crear un espacio donde crecer y poder ayudar a otros que no tienen la posibilidad de desarrollar sus actividades o sus  ideas, de forma independiente. Creemos en lo local porque antes de fundar La Palanca muchos de nosotros nos teníamos que desplazar a la capital con lo que eso conlleva. Además, somos conscientes de lo que cuesta mantener el alquiler de un local, y creíamos necesario fomentar esa economía de apoyo social a todo aquel que compartiera alguna de las características de nuestra filosofía: el arte, la creatividad, el bienestar y lo social. Y por otra parte, crear proyectos conjuntos o firmar acuerdos con asociaciones o con invitados para garantizar que el negocio sea sostenible.

¿Por qué La Palanca?

El nombre parte de la frase de Arquímedes “Dadme un punto de apoyo (una palanca) y moveré el mundo”. Incluso nuestro logo muestra esa simbología. Decidimos unir todos nuestros proyectos de forma individual con el objetivo de unir fuerzas para sostener un negocio familiar, pero también con la idea de generar felicidad en los demás. Vivimos inmersos en un mundo capitalista, donde la sociedad es infeliz y se han dado de lado importantes pilares como la educación, la sanidad o el medioambiente. Y entonces nos dimos cuenta que cada uno, con la propia actividad que desarrollaba, era una “palanca” que podía ayudar, a nivel local, a mejorar la vida de los demás. Nos interesaba convertir ese malestar social en un bienestar a través de ese conjunto de “palancas”, y de ahí surgió el nombre del proyecto.

¿De dónde procede todo ese potencial para crear proyectos?

Procede del deseo de devolver al mundo todo lo que habíamos obtenido de nuestra experiencia profesional previa. Todos habíamos trabajado en una empresa multinacional familiar que había creado Jesús y que mantuvo durante treinta años. Obtuvimos muchos beneficios pero nos consumía todo nuestro tiempo y decidimos que queríamos algo distinto, más cercano y creativo. Y es entonces, a partir del año 2013, cuando cada uno con su propio proyecto comienza a tejer esa idea de lo que será en un futuro La Palanca. Pablo montó su escuela de música, Jorge su taller de serigrafía, Abe el de costura y Laura, junto a su padre Jesús, un family office (fondo de inversión familiar) para invertir en empresas de impacto social y ayudar a pequeños y nuevos emprendedores locales.

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¿Cómo supisteis cuál era el espacio adecuado para La Palanca?

Nos costó encontrarlo porque no veíamos nada en Majadahonda que nos gustara y que encajara con lo que buscábamos. Necesitábamos que fuera amplio, funcional, que nos permitiera modificar las estancias fácilmente y sobre todo que no ocasionara molestias a los vecinos. Y entonces encontramos este local, que se aprecia rápidamente desde fuera que son dos casas pequeñas unidas, y que era la antigua casa del pueblo del municipio. El edificio, propiedad de una familia de Majadahonda, ya había intentado ser comprado para derruir y edificar pisos. Sin embargo, debido a la antigüedad del inmueble, la fachada tiene que mantenerse y gracias a ello pudimos adquirirlo nosotros. Es un espacio perfecto porque no molestamos a nadie y tampoco entre nosotros mismos. Cuando entramos hubo que hacer una importante obra, de la que Jesús y Leo fueron responsables, para aislar perfectamente las estancias y diseñarlas para que fueran multifuncionales e invitaran a la paz y la tranquilidad.

¿Qué actividades podemos encontrar en La Palanca?

Por un lado estamos los “habitantes” de La Palanca, que somos los que iniciamos las actividades desde el principio y que desarrollamos de manera recurrente. Pablo imparte clases de música y guitarra, Jorge enseña serigrafía e ilustración, Abe está al frente del taller de costura y de la marca Fiker y Laura es instructora yoga. Además disponemos de un espacio, el Taller Bohemia, donde pueden adquirirse libros, publicaciones alterativas, ropa, música y pintura. En el taller artesanal personalizan, entre otros, tazas y chapas, y realizan diseños sobre textil y papel. Y por otro lado, La Palanca también ofrece la posibilidad de que otros artistas impartan sus talleres en alguna de sus salas. Los hay anuales, como el que actualmente imparte Mónica Rouanet sobre “Escritura Creativa”, mensuales o eventuales. También hay cabida para representaciones de teatro, exposiciones, conciertos y eventos benéficos. Lo único que se “exige” es que aporte alguna de esas palancas anteriormente mencionadas.

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¿Cómo os afectó la pandemia de 2020?

Llevábamos prácticamente un año de actividad, todos nuestros talleres estaban funcionando y sentíamos que habíamos despegado. Y entonces llegó la pandemia, el parón de la actividad y las nuevas medidas de aforo y seguridad. Al tener el edificio en propiedad no sufrimos  los estragos de tener que mantener un alquiler sin uso pero tuvimos que volver a empezar de cero. Gracias a que disponemos de dos salas amplias, la planta calle y el limbo (que es la sala que hay en la primera planta) se pudieron seguir realizando actividades, al menos de forma individual. Antes de la pandemia recibíamos a muchos psicólogos que atendían a sus pacientes en dos de las salas pequeñas que tenemos y que ofrecemos para alquilar. Son espacios muy luminosos, que transmiten paz, tranquilidad y un ambiente familiar. Con las nuevas medidas tratamos de recolocarles en las salas más amplias, pero muchos comenzaron a pasar consulta por videoconferencia desde sus casas y además perdimos la opción de organizar clases colectivas.

¿Cómo retomasteis la actividad?

Al igual que habíamos comenzado cuando abrimos La Palanca. Muchos vecinos ya nos conocían de forma individual por nuestros proyectos, ya que somos de Majadahonda, y teníamos muchos alumnos que acudían a nuestras clases. Poco a poco, el aforo de los espacios cerrados fue aumentando y pudimos volver a organizar pequeños eventos colectivos como charlas. La última, sobre medioambiente, concentró a más de los veinticinco asistentes permitidos. Algunos tuvieron que quedarse fuera por cuestiones de aforo.

¿Cuáles son vuestras metas futuras?

Por un lado crear una editorial, porque ya hemos hecho algunas publicaciones, nos encanta escribir, corregir textos e ilustrarlos. Por otro lado tener una productora musical, desarrollar actividades pet friendly, diseñar una línea textil que transmita nuestra filosofía social y que la gente pueda adquirir por catálogo o de forma online. Y por último realizar proyectos de gestión emocional, talleres de bienestar y cultivar la cultura de la felicidad, tan importante después de la pandemia. Nos gustaría ser un referente en el municipio, ofrecer actividades y dar la oportunidad a otros a que las ofrezcan y construir un puente entre continentes y culturas.

Autor entrada: MTEVA