La educación de los hijos ¡Qué tarea tan difícil!

¿Por qué los educadores hacemos tanto hincapié en la educación de los niños?

El niño, cuando nace, es un ser en construcción, que necesita la ayuda de los adultos para llegar a ser una persona independiente, segura y feliz.

 

La educación es una tarea difícil, constante y muy prolongada en el tiempo.                                                                                                                  Educamos siempre y en todo momento, no hay descansos ni vacaciones y los padres son el referente que los hijos imitan y emulan aunque no sean conscientes de ello. Valen más las acciones y las actitudes  que las palabras. De nada sirve decir que seamos respetuosos con los vecinos cuando a la vuelta les criticamos o que sean ordenados cuando dejamos tirados los zapatos en medio del salón o que no vean tanta televisión cuando la encendemos nada más llegar  a casa.

Los niños necesitan un vínculo afectivo que se establece nada más nacer y que se va intensificando en el tiempo, sin el cual, no pueden desarrollarse  de manera equilibrada y feliz, pero a la vez necesitan  un desapego para adquirir su propia identidad e independencia y son los padres los que deben propiciar y facilitar esta separación ayudándole a ser más independiente, autónomo y con alta autoestima.

El niño es una persona en construcción que necesita de los adultos para formarse.

 

Vivimos en una Sociedad con una cultura y reglas determinadas y los padres son los responsables de inculcar  las normas de convivencia y respeto para poder formar parte de sea Sociedad porque, el ser humano no nace civilizado, se convierte en civilizado cuando los padres le educan.

El niño necesita el afecto y la contención, que se le indique el camino a seguir de manera segura y confiada y los padres deben ser una roca sólida donde poder agarrarse en los momentos de indecisión, en el desbordamiento de sentimientos, en la duda ante las decisiones…unos padres en definitiva seguros que le vayan centrando, enseñándole a canalizar  sus emociones y a afrontar los fracasos o desilusiones.

Los padres deben quererlo tal y como es, con sus características propias y sus limitaciones o defectos, alentándole y motivándole en sus progresos, cultivando sus cualidades y limando sus limitaciones para llegar a ser cada día mejor.

 

Esta es una tarea difícil y muchos padres no están dispuestos  a esforzarse en la educación de los hijos, mirando para otro lado cuando lo ven infringiendo una norma o imponiéndolas según el estado de ánimo en el que se encuentren, dejándoles hacer por no enfrentarse a un conflicto…en el momento consiguen evitarlo, concediendo lo que quieren en cada momento, pero a la larga se encuentran con una situación insostenible en la que todos los miembros de la familia  sufren y no saben como encauzarla .

 

Además son un mal ejemplo para los hijos porque son personas que fluctúan mucho su comportamiento según como se encuentren, no hay coherencia ni constancia a la hora de imponer unas normas y esta actitud produce una gran inseguridad y desconfianza.

 

El niño cuyo padre es incapaz  de mandarle a la cama a su hora no puede pensar que su padre le vaya a proteger ”Si mi padre es incapaz  ni siquiera de hacerme obedecer con 5 años ¿cómo  me va a proteger ante un peligro real”.

Educar se fomentar su autonomía, dejar realizar todas las tareas que puede hacer solo, primero con ayuda para irle dejando que lo haga por si mismo aunque requiera más tiempo y cometa  errores. De los errores también se aprende y se desarrolla la inteligencia  porque tiene que reflexionar  y encontrar la manera de conseguir hacerlo con éxito. Esto va favoreciendo tener una imagen positiva de si mismo que le da  seguridad y confianza  en sus posibilidades.

 

Los padres tienen que propiciar una comunicación continua con los hijos, que estos se sientan escuchados y respetados y con la certeza de que los padres le van a ayudar a ordenar sus pensamientos y sentimientos. Si no han cultivado esta comunicación desde que son pequeños, difícilmente lo conseguirán  cuando sea adolescente.

Los padres tienen la responsabilidad y obligación de marcar unos límites en el comportamiento  del niño para enseñarle cuál es el camino correcto. Es lo mismo que, cuando aprendes  a conducir, tienes que aprender  unas normas de circulación, unas señales que te van indicando el camino y la manera correcta para no tener contratiempos ni accidentes.

 

Cuando el niño tiene marcado ese camino, con pautas claras y coherentes que debe respetar, se siente seguro y confiado aunque, en muchas ocasiones, se rebele contra ellas porque los seres humanos tendemos  a instaurarnos en el placer y el hedonismo, donde no existe el esfuerzo, la constancia y la motivación  para conseguir el éxito.

Muchos niños, debido  a la educación recibida en casa, cuando asisten a la escuela infantil, les cuesta adaptarse  porque en ésta hay unas normas, horarios y rutinas que nunca han tenido en el hogar.

Cada vez más se habla de este tema en las tertulias y los psicólogos, pedagogos y educadores no se cansan de decir que la educación se está yendo de las manos, que estamos criando niños caprichosos y tiránicos y , a la vez, infelices , dependientes e intolerantes.

 

Imploramos a los padres que el sentido común se imponga y que no se dejen influenciar de la educación permisiva y sin límites tan en boga actualmente y que tanto daño hace pues solo conduce a que la convivencia en casa sea un caos deficilmente llevadera por todos los miembros de la familia.   

Autor entrada: MTEVA