El valor de la amistad en la infancia

El niño es un ser social desde que nace, recibe con agrado las caricias, contacto físico y palabras afectuosas. Demanda esta cercanía de los adultos a través del lloro, siendo esta la forma de reclamar una respuesta a sus necesidades físicas y afectivas.
Enseguida empiezan a interactuar con los adultos con gorgojeos, sonrisas y aplausos, les gusta estar acompañados y aprenden enseguida a reclamar que se les coja enbrazos. Les llama mucho la atención la presencia de otros niños a los que intenta acercarse, investigando y esperando una respuesta a sus acciones: tocará su cara, su pelo e intentará coger el juguete que tiene. Lo mismo que exploran el espacio y los juguetes, hacen lo mismo con sus iguales y exploran la “causa efecto” con “pega –llora”. Es lo mismo que apretar un botón de un juguete produciendo un sonido. La forma de relacionarse con sus compañeros de juego es a través de los juguetes.
Para acercarse a sus compañeros, se interesa por el objeto que éste tiene y se lo arrebata. No es una acción agresiva sino que está aprendiendo a relacionarse. En el
momento que tiene el objeto lo abandona inmediatamente para interesarse por el que su compañero ha cogido de nuevo. No le interesa el juguete, le interesa jugar con el niño pero no sabe.
El juego que establecen es “el juego paralelo” es decir, la misma actividad pero de manera independiente, cada uno a lo suyo. No pueden interactuar en un juego común.  A partir de los 3 años ya van siendo importantes las relaciones que establecen y poco a poco van eligiendo al compañero de juego que tenga más similitudes con sus características o habilidades, pero cambian frecuentemente según el juego que hayan elegido en cada momento.
Surgen muchos conflictos porque están en la etapa egocéntrica y nula empatía, no pueden ser conscientes del daño que se ocasiona al otro, ellos imponen su voluntad a los demás y les cuesta mucho compartir y ceder. Hay que enseñarles a resolver sus conflictos, cediendo o defendiendo su criterio según los casos puntuales a los que se enfrenta.
Empiezan a compartir el juego simbólico pero los “roles” se intercambian y las acciones son similares y ejecutadas al mismo tiempo.
Poco a poco, a través del juego de roles, los niños aprenden a esperar su intervención, a ceder frente al otro y a compartir lo materiales, juguetes e iniciativas.
Desde los 6 a los 9 años la relación con los iguales se intensifica y se hace muy importante en sus vidas. Adquiere mucha importancia el grupo y se van distanciando de los adultos priorizando el juego con sus amigos. Es el momento de las pandillas y de los
amigos íntimos.
Las niñas son más selectivas y se relacionan en pequeños grupos de 3 ó 4, rivalizando entre ellas para ser “la amiga intima”. En muchas ocasiones, viven la amistad como una pertenencia y les cuesta aceptar que no pueden imponer su amistad e exclusividad a las demás. Amenazan con”ya no soy tu amiga” o “no te voy a invitar a mi cumple” cuando no se doblegan a sus intereses.
Los niños suelen abrirse a relaciones con un grupo más numeroso y que les une un objetivo común. Adquieren mucha importancia los deportes y los juegos reglados,
aceptan las reglas que los demás establecen y respetan los límites que les exigen sus compañeros.
De los 9 a los 12 años ya están muy definidos los amigos íntimos y se estrechan las relaciones con los mismos amigos con los que les encanta pasar el tiempo de juego. Pasan horas y horas juntos y nunca es el momento de despedirse hasta el día siguiente. Refunfuñan cuando les obligamos a venir a casa para comer y lo hacen
deprisa para volver a encontrarse con sus amigos. En la adolescencia la relación con la familia pasa a un puesto muy alejado del que tiene el grupo y la autoestima depende en gran medida de la aceptación que tenga en el grupo.
Es un momento muy difícil para todos porque el joven busca su propia identidad frente a sus padres y pesa mucho más el concepto que los demás tienen de él que la
valoración paterna.
Para los padres, esta etapa es complicada porque les cuesta aceptar que el hijo complaciente y al que le agradaba mucho compartir su tiempo y actividades con los
padres y hermanos, ahora mantiene una relación distante, exigente y conflictiva con ellos. Es cuando se niegan a apuntarse a nuestros planes que antes le divertían tanto, a mantener una conversación animada y respetuosa y a expresar sus sentimientos de manera tranquila y dialogante.

La actitud de los padres en todo momento ante las amistades de sus hijos debe ser ecuánime y respetuosa, aceptando que la relación de los padres con los hijos pasa a segundo termino por debajo del grupo. Los padres tienen que tener claro que son
padres no amigos de sus hijos. Deben favorecer en todo momento el encuentro con otros niños, invitando a sus amigos a casa, haciendo planes con amigos que tengan hijos, llevándole a los cumpleaños…

Hay familias muy cerradas que se relacionan poco con otras personas y los niños no tienen contacto con otros, exceptuando en el colegio. Favorecer la relación entre los primos, tíos, abuelos… es proporcionarles unas relaciones abiertas a otras personas con las que mantiene diferentes modos de relacionarse. A partir de los 9 años son más independientes y autónomos y hay que evitar a toda costa la sobreprotección y es el niño el que tiene que resolver los conflictos que se originan en las relaciones con sus iguales, interviniendo solamente cuando vemos que el niño está sufriendo por ello.

Ayudarle a expresar sus sentimientos y darles la importancia que tienen aunque nos parezcan nimiedades, no debemos infravalorar lo que siente y con nuestro ejemplo, podemos facilitar el reencuentro con el niño con el que ha tenido un encontronazo. El niño debe presenciar la reconciliación entre los adultos después de una riña o discusión para aprender la forma que utilizamos para pedir disculpas. Cuando un niño no se relaciona con otros, prefiere la consola antes que jugar en el parque, no se apunta a ningún deporte o no le invitan a ningún cumpleaños, los padres deben ser conscientes que hay un problema y que hay que abordarlo lo antes posible con un profesional.
Los niños que padecen problemas de relación, sufren mucho ya que su autoestima se resiente y sienten un vacío que los padres no pueden llenar con su afecto.
Hay que favorecer mucho la autonomía, independencia, autoestima y el acercamiento con sus iguales sin sobre exigirle. Planear actividades que tenga que compartir con otros niños, iniciar un juego divertido en el parque o playa en el que intervengan otros para ir retirándose cuando lo veas integrado, aconsejarle la utilización de un objeto socializador como la bicicleta o el balón que aglutine a los demás compartiendo el juego con él.

Autor entrada: MTEVA