¿Cuándo hay que quitar los pañales al niño?

Los bebés no nacen con la capacidad de controlar su cuerpo y la adquisición de los hábitos higiénicos necesitan un aprendizaje que comienza por enseñarles lo que significan las señales que su cuerpo les envía. Es un hábito como el comer y el sueño, necesitan de un aprendizaje teniendo en cuenta siempre su nivel madurativo y empezar a introducirlo en el momento adecuado. No hay una edad determinada y varía de niño a niño.

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Nuestra experiencia adquirida por trabajar en una escuela infantil durante muchos años, nos dice que entre los 2 a los 3 años se consigue, pero hay unos que controlan antes de esa edad y otros que después. No por comenzar antes, vas a tener mayor éxito y siempre te debes dejar aconsejar por las profesionales que cuidan de tu hijo ya que ellas conocen muy bien cuál es el momento adecuado para cada niño y la mejor manera de conseguirlo.

No nos cansamos de repetir que cada niño es único y diferente y las comparaciones no sirven para nada. No todos los niños con edades cronológicas similares son iguales y hay que mirarlos de manera diferente. Tratamos de comparar con sus hermanos, vecinos o primos y la presión que ejercemos sobe ellos, complica más ese control. No debéis sentiros culpables cuando las abuelas presionan porque “a su edad, ya debería controlar” y los avergüenzan cuando se hace pis encima.

Por tanto tiene que estar preparado fisiológica y afectivamente: Fisiológicamente porque se le impone hacer pis en horas fijas y para ello es necesario el uso esfinteriano y tener un control mental del acto de retener.

Afectivamente porque desde su perspectiva, se le hace agradar a su madre con algo que a ella le alegra a cambio de conseguir otros privilegios: el ser mayor beneficia a todos y tiene sus compensaciones.

 

¿Cómo sabrás cuando tu hijo está preparado?

Tu propio hijo te lo irá diciendo porque empezará tener un interés de ver cómo lo haces tú y corre al cuarto de baño cada vez que te vea a ti utilizarlo. Es cuando empieza a darse cuenta de las diferencias anatómicas   empezará a ver si él es igual  a su papá en  el caso del niño o a su mamá  en la niña.

Otra señal es que el pañal entre cambio y cambio está cada vez más seco, esto indica que va teniendo mayor control neuromuscular que le hace retener durante un periodo de tiempo mayor.

Otra señal es cuando te avisa que tiene ”caca” porque se siente incómodo, casi siempre después de hacerlo.

El control de la caca es posterior y más difícil de conseguir porque, en general, les cuesta más desprenderse de ella, sobre todo si es un poco estreñido.

Hay niños que, aunque ya no llevan pañal, lo piden para hacer caca y debemos ponérselo porque todavía no están preparados para hacerlo en el orinal o wáter.

Cada niño es diferente y hay que respetar su forma de ser y  recursos propios para conseguirlo. Hay niños que se sientan alegremente en el orinal, otros que muestran miedo y otros prefieren el wáter. Los padres y la escuela se deben de poner de acuerdo en la forma de hacerlo; en la frecuencia de tiempo de permanencia en el orinal y recursos que utiliza  para ir consiguiéndolo. Hay niños que aceptan de buen grado el sentarse en el orinal en la escuela y en casa no o viceversa. Todo depende de la relación afectiva que haya establecido con la educadora o la madre.

Nunca hay que obligarlo porque lo único que se consigue es un  absoluto fracaso y un rechazo afectivo pues, cuando el entrenamiento  higiénico se convierte en una batalla entre madre y el niño, éste lo utilizará como arma contra sus padres cuando él quiera. Si retiene, ese control lo utilizará a su conveniencia: bien para agradar bien para castigar a sus padres.

Ante este aprendizaje debemos mostrarnos lo más relajados y serenos posibles. Cuánto más interés mostremos para que nuestro hijo aprenda esta práctica, más ansiedad transmitimos y más tarde aprenderá. Por tanto hay que evitar presiones excesivas o tenerle demasiado tiempo sentado porque sólo se conseguirá que lo retenga hasta que se levante.

En la escuela empiezan a estar preocupadas las madres desde que el niño cumple 2 años  y verbalizan su angustia porque el curso que viene tiene que ir al colegio y sin pañales. ¡Les faltan 8 meses y no hay que meterles prisa!

Nunca hay que avergonzarles  cuando el pañal esté mojado o cuando manche los pantalones. Siempre hay  que aplaudir sus logros y, si no hace en el orinal, decir;”No pasa nada, mañana saldrá”. Poco a poco se sentirá orgulloso de su logro y de agradar a los adultos y verá las compensaciones que logra  dando este paso tan decisivo.

Una vez que ha abandonado los pañales, no debemos pensar que ya está superado. Cualquier cambio emocional en su vida puede hacerle regresar a la situación anterior. En este caso no hay que mostrárselo como un fracaso pues esto afecta negativamente en su autoestima y seguridad personal. Si el niño ya controla hace tiempo y no ha habido una razón visible para ello habrá que analizar qué es lo que ocurre o lo que nos quiere decir con esta regresión o llamada de atención. Nuestra experiencia nos dice que una vez quitado el pañal, no se debería volver a ponerlo. Cambiarle tantas veces como sea necesario y en unos días vuelve a controlar.

 

Un paso más: del orinal al váter

El niño ya ha logrado lo más complicado: entender las señales que le envía su cuerpo y controlar los esfínteres. Ahora tiene que dar otro paso en su evolución: Dejar el orinal y empezar a utilizar el váter. Este paso se debe de hacer relajadamente y sin obligaciones.

Ya sabéis que los niños imitan todos nuestros movimientos y acciones y una buena forma de motivarle es que nos vea cómo lo hacemos nosotros. Ellos siempre quieren emularnos y ser como nosotros de mayores.

Muchas veces les da miedo el agujero pues piensan que se van a “colar” por él. Además sostenerse en equilibrio apoyando las manos en el borde y los pies  colgando es una postura difícil de mantener y les crea inseguridad. Una manera de ayudarlo es comprar un adaptador o una escalera donde apoyar los pies. Para los niños estreñidos es recomendable pues pueden hacer más fuerza apoyando los pies en él.

El limpiarse es un paso más y al principio tienen que pedir ayuda. Poco a poco irá aprendiendo a hacerlo por sí mismo.

Después ellos tiran de la cadena y a continuación hay que crear el hábito de lavarse las manos siempre para que se acostumbren a hacerlo .

Muchos niños se muestran reacios a utilizar el wáter porque  temen colarse por el desagüe. En este caso, se le debe acompañar y sujetarlo en todo momento para que vaya perdiendo el miedo hasta que consiga hacerlo solo.

Autor entrada: MTEVA